Rían y rianse, poetas del Macondo!!
Qué allí estuve, en mi estudio taller, todo un sábado por la tarde,
buscando que esos ojos me miren y brillen como brillan las miradas nocturnas de las ciudades atardecidas que se llenan de mujeres alocadas y sonámbulos empedernidos.
Allí el lechuzo de onix, que posa dentro de su cueva que es mi cafetera,
una tarde que no tomé café...
Talisman, totem, amuleto u objeto que tengo desde los 12 años cuando Toto, aquel pequeño hombre de pocas luces y hermano de mi abuela, me lo trajo de San Luis...
Así me ha acompañado el Toto todos estos años, sin que yo lo quisiera o me esfuerce por ello.
Toto, lechuzo mocho que desde su tumba de huesos olvidados me grita:
Nadie muere mocho, nadie, nadie, jajaja!!!
A todos nos toca, antes o después!
Realmente pienso, que las cosas tienen un sentido, lo que das te vuelve...
Todo tiene sus opuestos, opuestos que se complementan . Y aquello que puedes ver allá es para que puedas ver un acá...
Aquello que duele, es para que conozcas lo que verdaderamente reconforta...
palabras, solo palabras y un lechuzo mocho que transmitió su mensaje 32 años después.
Tal vez hoy se vuele, tal vez le ha llegado la hora,
la hora de volver a su Macondo natal.














































